Hablemos de amor

Te propongo un ejercicio:

Imagina por un instante que el mundo no fuese preso de la competitividad y el deseo de tener.

Imagina que los valores propios fueran más importantes que los que te imponen, qué cultivásemos el SER por encima del TENER

Que la palabra amor estuviera desnuda de tonterías y estereotipos-

Imagina que la expresión «Baja modestia que subo yo» no existiera, maldita expresión, cuanto nos confunde y cuanto daño hace.

Imagina todo eso ¿cambiaría en algo tu vida?

 

Lo confieso, soy una enamorada del amor,  con sus dificultades, con sus penas, con sus alegrías, con sus sencilleces…

 

Me encanta a pesar de sus caras, pero me encanta el amor real, el que no está rodeado de tonterías, florituras ni estereotipos, el amor que me hace crecer como persona, el que nace del amor a mi misma y me permite dar amor a los demás.

 

Mi propósito de hoy es plantearte una reflexión:

 

Para poder amar así, sin tonterías, primero debes amarte a ti mismo.

Entender que tienes derecho al amor, y si tu mismo te lo niegas ¿quien te va a amar? ¿porqué habría de hacerlo? ¿que garantías ofrece amar a una persona que no apuesta por ella misma?

Buscamos el amor y la aprobación fuera de nosotros, es lo que nos han enseñado, que el amor hay que ganarlo haciendo tal tal y tal cosa. Incluso se veta con expresiones como: el amor no debe expresarse, debe demostrarse

¿CÓMO? ¿Cómo demuestras algo que no expresas? NO TIENE SENTIDO.

Pero si hablamos de sentido, menos sentido tiene hablar de amor en términos de si soy digno o no de recibirlo.

CLARO QUE ERES DIGNO DE RECIBIR AMOR, TODAS LAS PERSONAS LO SOMOS, pero si tu mismo te lo niegas ¿qué sentido tiene que lo busques fuera?

 

Tal vez la explicación esté en nuestra forma de pensar con respecto a él:

Pensamos que el amor hay  que ganárselo, es lo que los estereotipos nos marcan.

Nos dicen cómo amar, cuándo amar y qué hay que hacer para conseguirlo, nos dicen incluso el día que hay que demostrarlo, como si no fuera algo que hay que hacer cada segundo, nos dan muchísima información sobre eso (muy sesgada además)

Pero siempre del amor que viene de FUERA de nosotros, ¿y dentro? Eso es ser arrogante, ser poco modesto, ser egoísta, ser presumido y casi mala persona.

La realidad es que cada vez nos escuchamos menos, damos menos valor a lo que nos hace amarnos a nosotros mismos, damos menos validez a nuestras necesidades, a la expresión de nuestras emociones tanto que nos cuesta incluso identificarlas.

 

Pensamos de forma que nos hacemos presos de nuestras expectativas.

Expectativas poco realistas, por otra parte. Estamos deseosos de que nuestra vida sea la película perfecta, nos castigamos cuando vemos que no podemos cumplirla, no planteamos que nuestra expectativa era poco realista, no, mejor flagelarnos, mejor entender que somos buenos para nada, mejor minar nuestra autoestima.

 

Pensamos en como conseguir la aprobación de los demás, vivimos pendientes constantemente de ello, anulando si es necesario nuestro criterio o nuestros valores para conseguirla.

La aprobación de los demás se ha convertido en algo más importante que nuestra propia valoración.

 

¿Quién puede quererse así? ¿Donde cabe lo que tú quieres, lo que tú eres?

Este tipo de vida te lleva a perderte en objetivos difusos, a no encontrar el valor real de las cosas, de TUS cosas, el valor real de tu AMOR PROPIO, sin juzgarte, sin flagelarte.

Ahora te planteo el mismo ejercicio que antes. Imagina que eres  una persona maravillosa, con total valía, con total derecho a recibir amor, una persona merecedora y digna de la mejor versión de tí.

Imagina que fomentas esto, que entiendes que primero debes darte amor para poder ofrecerlo de forma sana. ¿serias más feliz?

 

Yo estoy convencida de que sí, así que busca en tu interior y sé aquello que quieres ser: TÚ.

 

AMATE A TI MISMO, ESE ES EL MAYOR AMOR QUE PUEDES TENER, al fin y al cabo eres la persona con la que convivirás el resto de tu vida, pasarás cada segundo con esa persona, acéptate con tus virtudes y tus defectos, aprende a aceptarte, aprende a valorarte.

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