Te prometo que intento e intento cada una de las pautas que me das. Mi intención cada noche es empezar mañana siguiendo lo que me dices pero, mi vida es muy difícil, no tengo fuerzas. Quiero vivir la vida desde el lado positivo, pero no puedo, Andrea: ¿de donde sacar fuerzas cuando ya no las encuentro?

Esta conversación la tuve hace unos días con una paciente, es una pregunta muy común en consulta. A pesar de la cantidad de veces que la he escucho siempre se me parte el alma al oírla. Es para mi un grito de auxilio ante la desesperanza.

Además también es un tema que me habéis solicitado, en esta ocasión me piden que mantenga el nombre en el anonimato. Aun quiero darte las gracias por tu propuesta porque se que mucha gente se enfrenta diariamente a esa pregunta.

¿Porqué no encuentras las fuerzas necesarias?

Si llevas un tiempo leyendo el blog sabrás que siempre digo lo mismo: ser optimista e intentar seguir el camino que nos lleva a la felicidad no es fácil en absoluto. De hecho es una tarea complicadísima que depende de las circunstancias personales de cada uno.

Esas circunstancias pueden ser retorcidas, duras o incluso trágicas y cuantas más circunstancias se interpongan entre tu objetivo (ser feliz) y tu intención de hacerlo realidad, menos fuerzas creerás tener.

El otro día un paciente que venia a consulta por segunda vez me comentaba que tenia problemas para llevar a cabo los cambios que planteamos en consulta:

Te cuento la conversación:

– Salí de la consulta entusiasmado, con la sensación de tener clarísimo lo que tengo que hacer. Como si en mi cabeza todo estuviera organizado, solo tengo que empezar a hacer, empezar a aplicar a mi vida todo lo que hablamos. Esa noche me acosté tranquilo con la firme intención de empezar el día siendo mi mejor versión.

– ¿Y que es lo que ocurrió?

– Pues que me levanté y conforme pasaron los minutos vi que todo estaba igual, que se cruzaban mil cosas entre esa intención y ponerme en marcha para conseguirlo, cosa que hacen que lo que quería iniciar ese nuevo día pasara a un segundo o tercer plano.

– ¿Qué cosas?

– Lo de siempre, mi casa, mis problemas, mi pareja, mi trabajo… todo va contra mi.

– ¿En serio? ¿Dime una cosa, que es exactamente lo que querías cambiar y como lo querías cambiar?

– Pues eso, tengo que ser más optimista, tomarme las cosas de otra manera, no agobiarme tanto, no dejarme influir, ser más asertivo… pero no soy capaz

– ¿Sabes como hacerlo? ¿Has trazado tu propio plan de cambio?

– No, pero es que es imposible, no me dejan, no me ayudan

– Tienes que saber que lo que intentas hacer es modificar tus respuestas emocionales y de pensamiento en un entorno que no va a cambiar. Va a seguir siendo el mismo, por lo tanto: tu cambio de actitud, de pensamiento o de hábitos no puede basarse en el cambio del entorno porque tal vez el entorno no quiera o no pueda cambiar.

Aquí radica la clave

Aquí está la raíz de la mayoría de las personas con problemas de origen emocional:

Esperan a que las circunstancias sean las que cambien y sus fuerzas se agotan cuando ven que eso no pasa. Tal vez un empleo precario, tal vez relaciones tóxicas, tal vez problemas de salud…

El entorno no es el que va a consulta, ni el que considera que tiene un problema. No es el que no es feliz, eres tú el que no lo eres, por tanto todos tus esfuerzos deben ir enfocados a trabajar sobre ti y no esperar a que la vida te sonría por obra y gracia del destino.

No encuentras las fuerzas necesarias porque no las buscas en el lugar adecuado.

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¿De donde sacar las fuerzas cuando ya no las encuentro?

No voy a negar que unas circunstancias difíciles resultan desalentadoras.  De hecho hay ocasiones en las que simplemente uno prioriza y pone todo su énfasis en “solucionar” lo más urgente.

Por ejemplo todas esas personas que tienen un trabajo precario, que en absoluto les resulta gratificante y que incluso sientan que les explotan, pero se ven forzadas a seguir en ese trabajo porque es el único ingreso que tienen para mantener a su familia.

Ante situaciones así ¿qué podemos hacer?

Valora tu esfuerzo:

Tal vez no sea el trabajo de tu vida, no es lo que soñabas ni de lejos pero lo que estás haciendo es increíble. Así que deja de flagelarte y empieza a ver lo importante de tu labor.

Observa todas las salidas

A veces sentimos que estamos atrapados en esa rutina de circunstancias dañinas y que es imposible salir de ellas. Te aseguro que si las hay solo tienes que encontrarlas, para ello:

Analiza cada una de tus circunstancias difíciles. Anota que es lo que te daña de cada una de ellas y traza planes de acción para liberarte de la máxima carga posible. Si seguimos con el ejemplo del trabajo podemos pensar de dos modos:

  • Conformarnos y seguir aguantando
  • Verlo como un puente, como una herramienta que en este momento te está dando lo que necesitas para sobrevivir. Mientras sigue preparando y buscando otro trabajo que se adapte más a lo que buscas.

El problema: esta segunda opción requiere un esfuerzo extra.

Confía en ti

tu puedes conseguir lo que te propongas, pero para ello debes saber como hacerlo y evitar caer en esa rutina destructiva de la que hablaba lineas más arriba. Si piensas que no puedes es obvio que ni siquiera lo vas a intentar, no vas a plantearte salidas porque no estas dispuesto a buscarlas ya que desde el principio estás convencido de que no se puede.

Pide ayuda

Cuando sabes donde esta el problema sabes donde debes dirigirte para solucionarlo.

Imagina que vas al médico porque tienes fiebre. La fiebre es un síntoma difuso y hay que investigar para llegar al fondo del problema: Puede ser algo pasajero o algo terriblemente grave. Hay que hacer pruebas para ver de donde viene, es decir, hay que analizar.

Una vez que sabemos de donde viene esta fiebre es más fácil saber que es lo que hay que hacer:

Imagina que se debe a que estas incubando una gripe: Te pondrán el tratamiento adecuado para disminuir los síntomas y a tu casita a esperar que pase. Pero imagina que lo que te ocurre es que tienes apendicitis, pues te mandarán directamente a un cirujano y el sabrá lo que hay que hacer.

Lo mismo ocurre con nuestros problemas, si no llegamos al origen nadie podrá ayudarnos. Es más, ni siquiera pediremos ayuda porque ni nosotros sabremos como pueden ayudarnos.

Y si, siempre hay alguien dispuesto a ayudarnos, si no hay familiares y amigos hay centros, ONGS o servicios sociales que podrán prestarnos aunque sea una mínima ayuda.

Valora cada uno de los pasos que vas consiguiendo

Como en todo, cambiar de actitud ante la vida y ser más optimistas es un proceso de aprendizaje. Siempre que leas eso de proceso de aprendizaje piensa una cosa: ¡lentitud!

No pretendas que tu vida cambie de un día para otro, esto va de aprender y aprender implica fallar, caer y volver a levantarte. Suelo repetir una frase a todos y cada uno de mis pacientes: “todo proceso de recuperación implica recaídas” así que miradas como parte del proceso y no como una derrota.

No pretendas no volver a sentirte mal ni abrumado por nada

Lo siento: los problemas existen, los malos días existen, la frustración, la derrota, la tristeza, las catástrofes, la desgracia existe…

Si pretentes vivir una vida en la que estas circunstancias no aparezcan nunca me temo que estas abocado al fracaso.

No se trata de enfocar todas tus fuerzas en meterlas en un cajón y no verlas nunca más. Se trata de aprender a convivir con ellas y sobre todo, aprender a superarlas lo antes posible.

Me encantaría saber las dificultades que encuentras tu a la hora de ser optimista. Y sobre todo cuales son tus estrategias para encontrar las fuerzas necesarias para seguir trabajando en ello. No olvides dejármelo en comentarios.

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