Por donde empezar con esto de los pensamientos esclavos … A ver…probablemente los dos mayores enemigos de la felicidad sean la ansiedad y el miedo.
¿Qué es lo que causa la ansiedad? ¿Estás preparado para llevarte una sorpresa? ¿Seguro?

¡TU! ¡Tu eres la causa de tu ansiedad! tus pensamientos, tus pobres pensamientos esclavos ilógicos e irracionales, son los responsables.

 

 

Tu que te pones ansiosos al pensar que puede suceder algo malo, cuando en realidad no hay ninguna causa objetiva que lo secunde. Sin embargo, pensamos que va a pasar algo horrible, monstruoso y terrorífico.

 

  • Pensando que es terrible que alguien te desapruebe: “¡Oh, Dios mío! ¿Qué van a pensar de mí? ¿Qué van a decir?”

 

  • Que es terrible no conseguir lo que deseas.

 

  • Interpretando un fallo como un horrible desastre y no como algo normal que puede ocurrir solo cuando lo intentas.

 

  • Pensando que si no alcanzas la perfección es que no eres merecedor de respirar, sin tener en cuenta ese ínfimo detalle de que la perfección no existe.

 

  • Pensando, pensando y dejando que en todo momento se apoderen de ti esos pensamientos esclavos.

En el momento que pensamos o creemos ese tipo de pensamientos esclavos, empezamos a sentirnos ansiosos.

 

Los pensamientos esclavos preceden al sentimiento.

 

Por esto, todos los tranquilizantes que tomes no serán capaces de eliminar las verdaderas causas de tu ansiedad, porque al final el problema está en esos esquemas de pensamiento que tanto daño te hace.

 

Ese es el problema de los medicamentos. Los tranquilizantes pueden calmar, pueden paliar, pero no pueden curar.

 

Si les duele la cabeza pueden tomarse una aspirina, pero esta sustancia tan solo paliará el dolor, no eliminará la causa del mismo, que probablemente sea la muela del juicio o algún problema de sinusitis.

 

Y lo mismo ocurre con la ansiedad: Si persistes en us pensamientos horribles, necesitaran una tonelada de calmantes.

La única solución radical para la ansiedad es tomar consciencia del tipo de pensamientos que la causan y seguidamente cambiar esos pensamientos.

 

En psicoterapia se trata de ayudar a que el paciente haga precisamente eso. Y es lo único que realmente funciona. El psicólogo trata de mostrar a la persona que la causa de su ansiedad está en ella misma.

 

Quién tiene pensamientos tristes, está triste. Quién piensa ansiosamente, está ansioso. Los tranquilizantes actúan por el camino fácil, un camino que en realidad no lleva a ninguna parte.

 

De nada sirve tratar los síntomas si la causa profunda de todo continúa desarrollándose.

Para que veas el peligro que supone basar nuestros juicios en las simples apariencias y en los síntomas superficiales, te voy a contar lo que ocurrió en un hospital psiquiátrico que estaba ubicado junto a un hermoso lago:

 

Un día uno de los pacientes saltó la verja, se arrojó al agua y rápidamente comenzó a hundirse.

 

Otro interno, que lo había visto, saltó también la verja, se lanzó al agua y tras bastantes  esfuerzos, consiguió sacarlo del lago. El psicólogo le preguntaba luego al segundo paciente los motivos que le llevaron a actuar de ese modo:

 

– Doctor, ese pobre loco no sabe nadar. ¡Si yo no hubiese estado presente y si no corro a sacarlo, se hubiera ahogado!

 

– Ya, ya, -insiste el psicólogo-, pero, ¿qué fue lo que le impulso a actuar de ese modo?

 

-¡Pero doctor! ¡Si fue el acto más consciente, más altruista y más fraternal que cualquier persona podría haber hecho en semejante circunstancia!

 

– Mire, no entiendo por qué está interno aquí –le dijo el médico-.

 

Mañana volveré a hacer las mismas preguntas, y si sus respuestas coinciden con las de hoy, yo mismo gestionaré su alta.

 

A la mañana siguiente, él médico hace llamar al paciente:

 

Ahora explíqueme, por favor, qué es lo que ocurrió ayer.

 

-Pues ya sabe, doctor, ese pobre loco se echó al lago y vi que estaba a punto de ahogarse; entonces salté la verja, me arrojé al agua y lo saqué del lago. Si no lo hubiera hecho, con toda seguridad que el pobre habría muerto ahogado. Fue un gesto humano y consciente. Ayer lo hice por él, pero si mañana volviera a ocurrir algo semejante, no dudaría en hacerlo por usted, o por cualquier otra persona.

 

-Es suficiente –dijo el médico-, realmente me ha impresionado usted. Desde este momento dado de alta y puede abandonar el hospital cuando quiera, pero antes me veo en la obligación de darle una mala noticia: el hombre que usted salvó de morir ahogado, se colgaba de un árbol unos momentos después.

 

– ¡No doctor! – dice entonces el paciente-. ¡Él no se colgó! ¡Lo colgué yo para que se secara!

 

¿Ves lo que ocurre cuando basamos nuestros juicios en los síntomas y en las apariencias?

 

Este es un tema a tratar en el 100% de los casos que acuden a consulta por el sufrimiento que ocasionan y porque son una raíz principal de problemas posteriores. ¿Es tu caso? quiero ayudarte

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