Imagínate un mapa de geografía, de esos que estudiábamos de peques en el colegio, con sus colores diferenciando países, sus lineas negras marcando las fronteras a modo de límites ¿te acuerdas?

Esas lineas no son reales, no existen en la naturaleza rallitas de color negro cuando pasas por la frontera a Portugal o a Francia ¿verdad? Sin embargo pasar de un país a otro implica muchísimas cosas, quizá la más notable a simple vista sea el idioma.

Y si hablamos de comunidades, por ejemplo, ya sabes que yo suelo viajar mucho a Andalucía, bien pues a pesar de que en el mapa existe esa linea fronteriza, la realidad es que no hay ninguna diferencia, quizá el acento al hablar o el tono del alquitrán de la carretera (eso me llama mucho la atención si alguien sabe la respuesta que me lo diga :p), en fin no demasiado.

De la misma forma que existen esas lineas en los mapas, existen también lineas  que delimitan  y diferencian nuestros valores, opiniones principios, hábitos, preferencias etc. propios de los ajenos.

No están pintados en ningún sitio, somos nosotros los que debemos marcarlos, el problema está en que en demasiadas ocasiones nuestros límites son difusos, no los dejamos claros, tal vez son demasiado flexibles e incluso a veces se da el caso de que los cambiamos por la influencia de los demás.

Tienes que tener claro una cosa y es que hay límites que no deberían ser traspasador por nadie, por mucho que amemos a ese alguien que intenta hacerlo, porque si lo permitimos por el temor a perder su cariño, al final nos perderemos a nosotros mismos y el respeto y el cariño de los demás  “si no soy para mi ¿Para quién?”.

Tu propia identidad empieza a tambalearse y tu falta de “autorrespeto” se transmite a los demás, facilitando relaciones de abuso: si total no le importa…como es tan bueno… tengo derecho a que me de todo lo que le pida…¿te suenan estas expresiones?

Como ves, con los límites ocurre algo parecido a lo que ocurre con los derechos asertivos, tenemos que respetar y hacer respetar nuestros límites y también los de los demás.

¿Podemos ser flexibles en algunos temas si así lo decidimos?¿Pueden negociarse algunos límites?

 VALORES BÁSICOS:

Son nuestros principios humanos básicos, cada uno tiene derecho a elegir los propios, no son buenos ni malos, cada uno elige los que quiere (desde irse a las misiones y donar todos sus bienes y tiempo, hasta  vivir de las rentas y no dar palo al agua).

No podemos obligar a nadie a vivir su vida basada en nuestros valores y no en los suyos o a aceptar que alguien nos obligue a asumir los que no son nuestros

SON LÍMITES QUE NO PODEMOS NEGOCIAR

HÁBITOS:

Son patrones de conducta, es decir, comportamientos que a fuerza de repetirlos se han convertido en costumbres, no son fáciles de cambiar, pero si nuestras circunstancias cambian pueden modificarse (si vivimos en la playa y nos mudamos
al interior es muy difícil mantener el habito de ir cada dia a nadar a la playa).
Los habitos pueden modificarse y podemos negociar el modificarnos si están molestando seriamente o invadiendo los derechos de las personas con las que convivimos (dejar de fumar dentro de casa…)
Pero:
  • Los cambios de hábito no te los pueden imponer solo pedir.  Eres tu quien decide cuales y como  cambiar
  • Mantente firme si no te respetan hábitos que son importantes para ti y que no invaden a los demás, solo quieren  que los modifiques porque no les gusta a los demás.
  • Deja claro que hay que negociar, no se trata de ceder siempre o nunca

 PREFERENCIAS:

Son cosas que nos gustan pero que no son básicas para nosotros, son negociables en una relación (ejemplo: elegir qué película vemos en el cine). Las reglas deben ser las mismas que en el caso de los hábitos.

 

¿Qué opinas a cerca de tus límites? ¿te habías parado a pensar alguna vez en ellos? Si no es así ponte manos a la obra, identificar nuestros límites y darlos a conocer nos facilita demasiadas tareas en las relaciones, sobre todo en las más íntimas como son las de pareja