Hoy es un día muy especial para mi, hoy hace tres añitos desde la llegada de mi príncipe, ese que llena mis días de carreras, sonrisas, bostezos, juguetes, magia y besos. El que recibe y me hace recibir desde entonces cada día con una sonrisa la vida.

También hace dos años que nacieron en mi emociones desconocidas hasta ese instante, ese en el que lo abracé por primera vez y palpé lo que mi cuerpo había creado. Nacieron de forma abrupta, sin aviso ni permiso se instalaron en mi y a lo largo de estos meses he interioridad y conocido un poco mejor:

  • Nació el amor incondicional, ese que te llena completamente con tan solo nombrarlo, ese que cala hasta lo más hondo, tanto como la palabra hijo. Ese amor sincero y preocupón, ese amor indescriptiblemente hermoso y placentero.

 

  • Nació la ternura, esa que hace que pases horas mirando como un muñequito articulado hace gestos y muecas mientras en tu cara se dibuja una sonrisa constante, tanto y tan prolongada se hace esa sonrisa que hace que te duela la mandíbula y solo en ese momento eres consciente de que tu cara lleva horas en la misma posición.

 

  • Nació la paciencia inagotable (o casi) para ayudar a que las noches en vela no fueran un martirio sino una oportunidad más para abrazar a esa cosita tuya, a ese nuevo ser que tu misma has formado dentro de ti. La paciencia para formar un equipo de cambio de pañales sincronizado para que los movimientos sean tan suaves que logren no despertarlo.

 

  • Nació la curiosidad, nunca imaginé que el trabajo de Piaget fuera tan divertido, he observado (y observo) el desarrollo psicológico, social, emocional y motriz de mi pequeño como el científico que observa la maduración de su experimento, suena feo, lo se, pero te aseguro que es una de las tareas más bonitas de mi vida.

 

  • Nació el temor a no saber, con el tiempo aprendí que ser madre significa improvisar, significa vivir, aprender y madurar día a día, significa no saber ser madre nunca, porque ser madre es algo nuevo cada amanecer.

 

  • Nació el miedo, es el miedo más amargo que se puede sentir, el miedo a perder ese trocito de tí. Es un miedo casi irracional que se aprovecha de momentos de tranquilidad, el pensamiento es tan libre y las noticias tan feas que una madre imagina, imagina e imagina y esa imaginación siempre se torna en el mismo miedo.

 

  • Nació la calma y la sensación de que la felicidad se encuentra en cosas más simples de lo que nos intentan meter por los ojos: en un abrazo, en un beso a tres, en una sonrisa, en un remoloneo en la cama un domingo por la mañana.

 

  • Nació una unión intensa, un nexo irrompible, un triángulo, un equipo compenetrado, un camino a recorrer agarrados de la mano en todo momento, un paso más en el amor.

 

Cuando nace un bebé nace una madre y un padre, nacen momentos irreemplazables.

 

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