Aunque ya te he hablado de la envidia en otra ocasión, esta vez quiero hacer referencia al otro sufridor, al que la siente.

Cuando escribí aquel post muchos de vosotros me comentasteis via email que hiciera un post referente al otro punto de vista. Aquí está, seguramente quede enorme pero te prometo que va cargado de información importante para que aprendas a gestionar esta controvertida emoción.

 

La envidia es una emoción que todos hemos sentido en alguna que otra ocasión, sabes que tu también.

Sentirla no tiene porqué ser negativo, ante ella se nos presenta una oportunidad de crecimiento personal y de mejora de nuestra autoestima.

Una vez me contaron una historia:

 

Una noche de verano una serpiente vio a una luciérnaga y la empezó a perseguir. Esta huía con miedo de la feroz depredadora pero la serpiente no desistía en su empeño de atraparla para devorarla.

La luciérnaga huyó durante varios días pero la serpiente no desistía, cuando pasaron 4 días la luciérnaga, ya sin fuerzas, paró y le dijo:

  • Puedo hacerte 3 preguntas
  • No acostumbro a hacerlo pero como te voy a devorar pregunta
  • ¿Yo pertenezco a tu cadena alimentaria?
  • No
  • Entonces, ¿te hice algún daño?
  • No
  • Y si es así ¿Porqué quieres devorarme?Porque no soporto verte brillar

 

No me mires con malos ojos, cuando nos miramos en el espejo de la envidia siempre nos parece que los demás tienen, o son, mas que nosotros y nos sentimos frustrados.

Nos hace desear no ser quien somos y que el otro no sea quien es o no tenga lo que tiene.

 

¿Cómo detectamos la envidia?

 

Ya sabes que tengo una predilección por poner lugar a cosas que en principio no la tienen, pues con la envidia lo que yo siento es un dolor en el pecho o una especie de encogimiento del estómago debido al bien y a la prosperidad del otro.

Este encogimiento produce una herida de dolor y tristeza.

La envidia surge porque gestionamos incorrectamente el deseo y usamos mal la comparación, en esto de la comparación absurda somos expertos los seres humanos.

Igual que ocurre con los celos, se asienta en la inseguridad causada por el desconocimiento del propio potencial y cualidades.

Al no conocerte, no te valoras y construyes una autoestima deficiente.

Esta falta de confianza te mueve a compararte constantemente con los demás, y no hace falta que te diga que siempre habrá alguien más alto, mas rápido, más inteligente, más culto, más bondadosos y con más dones que nosotros.

Hay una cita que dice “el espejo de la envidia siempre nos muestra nuestra incapacidad”.

Una cosa es sentir envidia y otra permitir que la envidia dirija nuestra vida.

 

Cuando no aprendemos a canalizarla de forma ecológica e inteligente, la envidia se convierte en contaminante y destructiva, no sólo para los demás sino, y muy especialmente, para nosotros mismos.

Uno de los mecanismos que tiene la envidia para convertirse en destructiva se activa cuando el envidioso se da cuenta de que otra persona sobresale de la media común y quiere colocarlo “en su lugar” o bien, si le es posible, colocarse a sí mismo a su misma altura.

 

Dice Niezsche que es como si el envidioso exigiese que la naturaleza y el azar reconozcan y apliquen la igualdad que él quiere.

Por eso el envidioso se indigna cuando sus ”iguales” no corren su misma suerte o si alguien, a quien considera inferior, se pone en igualdad de condiciones respecto a él por un favoritismo del destino.

Esto le trastorna, porque el envidioso considera que nadie tiene derecho a una felicidad o a los logros que excedan a lo que él considera que le corresponde.

Otro mecanismo de mala gestión de la envidia es ver al otro como una amenaza.

La envidia nos invade cuando sentimos que peligra nuestro estatus, nuestro territorio, nuestro vínculo con otra persona o nuestra superviviencia.

La crítica a lo que hacen, a lo que dicen o a lo que son los demás no proviene tanto de la razón como de la emoción y, por lo tanto, la crítica no se mueve por las leyes de la lógica.

Lo cierto es que la envidia puede nacer del hecho de mirar al toro como un competidor, un rival, un obstáculo o como un enemigo que nos amenaza. Y no hace falta que el envidiado haga nada para provocarla. Su simple existencia es suficiente porque es un recordatorio vivo de nuestras deficiencias, de nuestros deseos no cumplidos o de nuestra falta de valor.

 

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¿Te suena la frase “verde de envidia”?

 

Ese verde representa la hiel que la envidia produce en nuestro interior. La  represión degrada a la envidia en un producto amargo que se refleja en nuestra conducta y acaba contaminando nuestras relaciones, seguro que te suena eso de las personas tóxicas ¿atas cabos?.

En este caso, el envidioso lleva siempre una mascara puesta proque, socialmente, la envidia no está bien vista y mostrarla seria motivo de vergüenza.

Así finge y reprime la ira, la indignación y la frustración que le provocan los éxitos y bienes conseguidos por el otro.

El descontento y la propia infelicidad son sus consecuencias.

La energía de la envidia intenta destruir a la persona envidiada minimizando sus logros, minando su prestigio, contaminado en forma de rumores, murmuración o medias verdades, mintiendo o menospreciando al otro.

La envidia se convierte en patológica cuando desaparece cualquier forma de generosidad y aflora la insatisfacción y la amargura; cuando uno deja de sentir alegria por las cosas buenas y siente una “alegria insana” por los males que afligen al otro.

 

La crítica indirecta es una agresión al otro porque éste no tiene medios para defenderse.

No es constructiva ni lógica, ni fruto de nuestros pensamientos, más bien es fruto de nuestro sentir, que nos inunda y nos hace reaccionar agresivamente, en lugar de buscar soluciones creativas y de mejora personal.

Y para que la autoestima del envidioso no sufra daño se crean mecanismos de defensa que justifican las acciones destructivas: “Si yo actúo así es por su culpa” (pasandole la pelota de mi responsabilidad); “Siempre presume” (atribuyendo al otro rasgos desagradables; “Ha tenido suerte” o “se merece lo malo que le suceda”

 

Un poquito de gestión ecológica

 

La ecología emocional afirma que las emociones no son ni buenas ni malas, simplemente “son”. Aparecen sin desearlas o sin buscarlas y, por lo tanto, no somos responsables de sentirlas.

Ahora bien, sí que somos responsables de lo que hacemos con lo que sentimos.

Podemos aprender a gestionarlas de tal forma que la energía que contienen pueda dirigirse a la mejora de nosotros mismos y de nuestro mundo.

Cada emoción o sentimiento contiene mensajes cifrados que es preciso traducir bien. Esta información valiosa transformada en acción creativa es una oportunidad de crecimiento personal.

El paso a paso para gestionar la envidia

1#. Mira hacia adentro

 

En primer lugar, debes preguntarte qué es lo que sientes. Dar nombre a la emoción requiere valor y honestidad y es el primer paso para gestionar la envidia creativamente.

 

2#. Traduce la envidia

 

La envidia aporta un mensaje general, pero también contiene otros más concretos que nadie puede traducir en tu lugar.

Debes buscar la información contestando 3 preguntas

1.¿Qué me dice la envidia acerca de como me relaciono conmigo mismo?

2. ¿Qué me dice a cerca de como me relaciono con los demás?

3. ¿Qué me dice sobre todo lo que me he propuesto en la vida?

3#. Encuentra el mensaje general

 

El mensaje general de la envidia es el de la inseguridad.

Es precisamente esta inseguridad la que hace que la persona envidiosa tienda a tener problemas de empatía con los demás,hace que se sienta inferior o que se muestre insatisfecha con el diseño de su proyecto vital.

4#. Busca la información sobre ti y sobre la relación con los otros

 

 

La envidia también trae otros mensajes, que cada uno debe traducir según su experiencia de vida.

Por un lado , hay un mensaje con información sobre uno mismo: “No me gusto como soy” “desearía tener otro aspecto, “ no veo mis puntos positivos”.

También informa sobre la relación con los otros: “me cuesta alegrarme por los demás”, “tengo problemas con mi generosidad”, “me comparo constantemente”.

Y por supuesto también aporta información sobre tu proyecto de vida: “no me llena mi vida” “no encuentro sentido a lo que hago ni a lo que soy” “desearía una vida distinta”

 

5#. Pasa a la acción

 

Una vez elegidas las lineas de mejora, ha llegado la hora de pasar a la acción.

¿Recuerdas el cuento que te conté más arriba?

Pues para expresar lo que te agrada de los otros y de ti mismo fíjate en los aspectos positivos tanto de la luciérnaga (la persona por la que sientes envidia) que es bonita y reluciente, como de la serpiente (tu mismo) que es rápida y tiene una piel preciosa.

Como ves vuestras características no son comparables, simplemente sois distintos, no debes compararte por una sencilla razón: es injusto, eres diferente al otro.

6#. Despréndete de la emoción

 

Volvamos a la ecología emocional, ahora lo que toca es gestionarla de ese modo: ya has sentido la envidia, le has puesto nombre, has traducido sus mensajes y solo queda soltarla.

Para desprenderte de ella proclámala: “Tu eres envidia, me quedo con la cantidad de mensajes que me das, todos ellos son importantes y me indican que tengo cosas que hacer para crecer personalmente, ahora te dejo ir. Adios”

No es tan sencillo como despedirte de ella sin mas, ahora debes diseñar un plan con objetivos concretos para trabajar las líneas de mejora que has detectado en los mensajes.

7#. Céntrate en tu crecimiento personal

 

Esto es más laborioso y lento que otras medidas, pero este trabajo de autoconocimiento irá repercutiendo progresivamente en la mejora de tu autoestima.

Al mismo tiempo, es preciso que cuides tu propio proyecto vital y que centres la atención e tu propia mejora personal, en lugar de vivir pendiente de lo que hacen los demás.

Si inviertes la energía emocional e intelectual en el cumplimiento de tu proyecto de vida y en la mejora de tu mundo , no dejarás espacio, ni tiempo, ni energía disponible para la construcción de la envidia.

Toda la energía que se dirige a crear no se puede dirigir a destruir, tu eliges.

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