Un septiembre más y una nueva vuelta a la rutina, una nueva búsqueda encarecida de la chispa de la vida.

Esa chispita que se convierte en una necesidad para demasiadas personas que no encuentran la felicidad en su rutina, en su día a día. Como si permanecieran aletargados hasta que de nuevo repiquen las campanas de las vacaciones.

Agosto queda atrás con su calor, con sus fiestas, con sus agobios con sus “hartás de comer” y con ese supuesto descanso que a todos nos encanta.

La realidad es que de descanso nada. Pero si es un periodo genial de recarga de pilas, una inyección de no se qué tipo de energía que para muchos tiene que durar 11 meses,.

Qué tristeza de rutina

 

Vivir una vida en la que los años se resumen en 11 meses de trabajo (para aquellos afortunados que lo tienen) y si tienes suerte y trabajas en una empresa seria 1 mes más repartido en 3 periodos vacacionales.

Una vez oí una historia curiosa, no me preguntes de quien era, soy muy mala para eso.

La historia contaba que…

un peregrino caminaba por los senderos de un país lejano y de repente topó con un cementerio, sintió la necesidad de visitarlo y depositar algunas de las hermosas flores que había por los contornos.

Entró y se detuvo a leer algunas esquelas, contempló horrorizado como cada una de las lápidas señalaba exactamente los años, días y horas que había vivido cada una de las personas enterradas allí y el horror venia porque ninguno de ellos superaba los 5 o a lo sumo 6 años de edad.

Al rato el peregrino retomó sus pasos sin dejar atrás el pensamiento de que horror tan grande habría ocurrido en aquel poblado para que todos sus habitantes murieran siendo niños.

En esto estaba el peregrino cuando se topó con un vecino del lugar, sin dudarlo se aproximó al hombre y le preguntó que qué tipo de desgracia había sufrido esa población para que su cementerio estuviera repleto de tumbas de niños.

El hombre sonriendo le dijo que ninguna, todas aquellas personas habían muerto siendo ancianos.

Posteriormente le explicó que en su pueblo tenían una hermosa tradición, desde niños se les entregaba a cada habitante un diario en el que debían escribir todos y cada uno de los momentos felices de su vida, así como su duración.

Al morir los familiares y seres queridos debían coger ese diario y contar el tiempo de felicidad de esa persona, así decidieron que ese era realmente el tiempo de vida que habían vivido y ese era por tanto el que rezaba en su lápida.

El peregrino se quedó aliviado y a la vez reflexivo: ¿Qué pena no? Vivimos una media de 80 años ¿y los momentos felices se limitan a 5 o 6?.

Esto me lleva al siguiente cálculo

1 año son 12 meses, luego 80 años (tiro de calculadora lo reconozco) son 972 meses

Según esta historia estas personas habían sido felices una media de 6 años, es decir 72 meses

Si de 972 meses somos felices una media de 72

Entonces en 12 meses somos felices…… 0,8 meses!!!! ni siquiera el mes de vacaciones!!!

(Comprensible según los estudios de divorcios, discusiones familiares etc.)

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¿Eso es lo que quieres hacer con tu rutina?

 

No me contestes, ya se que tu respuesta es no, pero eso es lo que haces y lo siento no me valen excusas.

No me cansaré jamas de decirte que eres el único responsable de tu felicidad y por tanto si tu rutina te hastía, si estas inmerso en innumerables relaciones tóxicas, si estas cansado de proponerte metas y no conseguirlas… eres el único responsable.

A todos nos encantaría tener más tiempo libre, disfrutar más de nuestros seres queridos, viajar más, tener todo el dinero que requieran nuestros deseos… claro que nos encantaría, pero seamos realistas: para el ser humano nunca es suficiente.

Es más te diré que todas esas ilusiones y deseos solo cumplen una función,  enmascarar lo verdaderamente importante: tu vida real.

Con eso no quiero decir que no tengamos ilusiones, ni metas, por supuesto que si, lo que intento decir es que:

  • No puedes pasarte 11 meses pensando en la semana que te irás a la playa

 

  • No puedes pasarte la semana que vas a la playa pensando en que vaya mierda que en unos días vuelves a la rutina

 

  • Y a tu vuelta a la rutina no puedes machacarte pensando en la mierda de vida que tienes que ni siquiera puedes disfrutar la semana que estas en la playa.

 

Eso si eres de los afortunados que pueden permitirse ir a la playa (o a cualquier lugar que se te ocurra).

¿Qué es lo que quieres decir entonces? ¿Qué no debemos tener aspiraciones? ¿Qué debemos conformarnos con lo que nos toca?

 

Por supuesto que no

Claro que debes tener aspiraciones, metas, objetivos, claro que no debes conformarte, lo que digo es que debes disfrutar de cada instante.

Que debes darle importancia a cada segundo de tu existencia y no solo a esa semana que te vas a la playa y que luego se ve frustrada por la pena de que no es lo que esperabas o de que se va a pasar y volverás a la normalidad.

Lo que digo es que hay millones de motivos para sentirte bien y que la mayoría de ellos pasan desapercibidos porque te limitas a pensar en lo triste de tu vida.

Si, estoy hablando de esos pequeños detalles de los que siempre me oyes hablar, pero como se que hoy los necesitas quiero proponerte un ejercicio, consiste en pensar en un día, de esos de tu rutina normal, desde que te levantas.

Quiero que localices todos los pequeños detalles de tu día a día que te resultan agradables, esos que te sacan una sonrisa.

Como sabes que me gusta practicar con el ejemplo, voy a hacer este ejercicio yo también.

Mi lista improvisada

  1. La luz entrando por la ventana de mi habitación al amanecer
  2. Los “buenos días” sonrientes de mis dos hombretones
  3. La sonrisa de mi marido al despertar
  4. El olor del pan tostado
  5. Lavarme la cara con agua calentita (incluso en verano)
  6. La agradable sensación de ver divinamente cuando me pongo las lentillas
  7. Coger a mi niño en brazos cuando se despierta con una de sus preguntas ocurrentes (últimamente todas las mañanas la pregunta es ¿mamá como se llama este? refiriéndose al cromo del Pokemon con el que decidió acostarse la noche anterior.
  8. El ritmico sonido de los zapatos al andar
  9. El fresquito de las 8 de la mañana mezclado con la enorme luz que hay en la puerta de mi casa a esa hora, sin duda la mejor del día.
  10. Cantar a todo pulmón en el coche mientras me dirijo al trabajo
  11. Conducir, me gusta conducir (aunque no tenga un BMV)
  12. Llegar a mi trabajo y dar los buenos días
  13. Recibir los buenos días de mis compañeros
  14. La sensación de hacer sonreír a otra persona aunque sea un total desconocido (me encanta porque mi trabajo me permite hacerlo a diario)
  15. El olor de mi casa al volver del trabajo.
  16. El beso de mi niño y su frase ocurrente del día, últimamente todo tiene que ver con tiburones y “gallenas”.
  17. Mi marido: ¡todo lo que tenga que ver con el es un estimulo positivo!
  18. Dormir 15 minutitos (tal cual) en el sofá justo después de comer
  19. La sensación reparadora de esos 15 minutitos
  20. Los 10 minutos posteriores de vagancia y remoloneo en el sofá
  21. Ir siempre con la hora pegada al culo (creo que me motiva eso)

….

Esto son solo algunos ejemplos porque suceden a diario y forman parte de mi rutina pero lo cierto es que podría continuar con una lista interminable porque cada día nos vemos inmersos en nuevas situaciones que producen en nosotros esa chispita de alegría.

Esa chispita que a veces es imperceptible y a la que va dirigida el post de hoy, a veces solo necesitamos bajar nuestro umbral perceptivo para ser felices.

No es necesario vivir en paraísos durante todo el año, de hecho hay gente que vive en auténticos paraísos y eso no implica ser feliz.

Tampoco es necesario tener un trabajo que te deje millones de horas libres a la semana, a veces no tenemos con qué rellenar esas horas.

Tampoco el tener miles de artículos de lujo, un coche espectacular en la puerta o yo que se que se te ocurra, por muchas cosas que tengamos siempre querremos tener más.

Está genial tener metas y objetivos pero disfruta del proceso.

¿Y tu qué haces para que tu rutina no se convierta en una pesadilla?

Cuéntamelo en el espacio de comentarios

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