Todos sin importar la edad conocemos las sensaciones que producen las inquietudes y las preocupaciones. Aunque, por supuesto, la edad modifica el tipo de preocupación, imagina lo curioso que seria ver a un niño de ocho años hundido en un mar de preocupaciones por la declaración de la renta.

– Luis, ¿te gustaría ganar trescientos euros por semana? Tu trabajo consistirá en hacerte cargo de mis preocupaciones. En preocuparte tú, en lugar de hacerlo yo.

– ¡De acuerdo!- respondió rápidamente Luis-. ¿Cuándo me pagarás los trescientos euros?

– ¡Esa es tu primera preocupación!
El objetivo del post de hoy es llegar al fondo de este concepto, escudriñar su significado y conseguir dar una respuesta positiva a esa fuente de amargura:

¿Qué son las preocupaciones?

 

Bien, pues tras encontrarme con multitud de preocupaciones con mis clientes, experimentar en mis propias carnes y leer sobre el tema, creo que la definición más sencilla es la que dice que:

la preocupación es una actitud emocional  tremendamente desagradable, básicamente consiste en interesarnos excesivamente por un problema antes de que esté presente.

Como resultado de un barullo de  dudas, miedos, actitudes ante la vida,  conflictos y ansiedad, sobre todo ansiedad.
De alguna manera este barullo hace que las preocupaciones logren infiltrarse en nuestra mente y con un poquito de “ayuda” en forma de trampas de pensamiento se convierten en dueñas y señoras de nuestra existencia.
Dado que la preocupación esta causada por nuestros miedos, actitudes y conflictos para los que no poseemos un comportamiento de adaptación inmediato, la propia preocupación es una forma de adaptación.

Por supuesto, no es un tipo de adaptación constructiva, pero no por ello deja de ser adaptación.

Cuando nos enfrentamos a un problema sin una solución satisfactoria aparente, respondemos activando la preocupación. Entonces surge una tensión que no es reducida ni calmada; como resultado, la inquietud y la preocupación se incrementan.

 

¿Por qué suele preocuparse la gente?

La propia vida es una fuente de preocupaciones.

La gente se preocupa por su salud, por posibles accidentes, por su posición social, por su matrimonio, por la muerte, por la vejez…el asunto es que siempre tenemos algo por lo que preocuparnos.

Cuantas veces nos hemos dicho ante una situación que no salió como esperabamos:

-¡Oh! ¡Si hubiera hecho aquello! ¡Si no hubiese hecho lo otro!

Por no hablar del MIEDO: el miedo al fracaso, el miedo a las críticas, el miedo al futuro… siempre ¡MIEDO, MIEDO, MIEDO!

Este es el núcleo de toda preocupación.

Igual que aprendemos a llorar o a reír frente a determinadas situaciones, aprendemos a adaptarnos a los problemas a través de la preocupación.

Este es el origen de un mal hábito que se aferra a nosotros manteniéndonos preocupados e infelices, comenzamos preocupándonos indiscriminadamente acerca de cualquier posible problema  y luego continúamos utilizando este tipo de adaptación ante cualquier otra situación que la vida presente.

¿Qué podemos hacer para lograr algún tipo de adaptación mas inteligente?.

Cuando estamos agitados, inquietos, preocupados y desbordados por la vida, el consejo que generalmente se suele dar a una persona temerosa y preocupada es:

“¡Olvídate de eso!”,

La conclusión a la que solemos llegar en consulta mis clientes y yo tras mucho insistir es:

¡se lo que tengo que hacer! pero ¿cómo lo hago? ¿como logro olvidarme de eso que me inunda constantemente? ¿que pasos debo dar hasta llegar a ese ¡Olividaté de eso!?

No tengo la fórmula secreta para conseguir que te olvides de las preocupaciones instantaneamente, pero sí algunas armas que con trabajo constante puedan enseñarnos a ver las preocupaciones desde el punto de vista del un “resolutor nato” y no desde el de un “ser paralizado”, aunque repito, para ello es necesaria un trabajo constante en fomentar estas actitudes.

Primera clave

Concédete un tiempo para reflexionar sobre tu problema

Cuando algo te preocupa es innegable que necesitas un tiempo para pensar en esa preocupación, pero la clave esta en ¿qué es lo que piensas?

Pensar en forma de “pobre de mi” “todo me toca a mi” “no puedo con esto” “menudo problema”…. no sirve de nada, regocijarte en lo terrible de tu situación no la mejora y sentirte mal por ello tampoco.

Cuando te digo que dejes un tiempo para la reflexión me refiero a que reflexiones sobre las posibles soluciones que te hagan actuar para liberarte de esa preocupación, busca soluciones.

DEJA DE PREOCUPARTE Y EMPIEZA A OCUPARTE

La preocupación paraliza, se convierte en rumiativa y eterniza  la solución del problema en el tiempo.

Cada vez que dejas para mañana una tarea difícil, una decisión importante o sencillamente algo a lo que te da miedo enfrentarte, tus tensiones permanecen y aumentan.

A menos que descubras el motivo de ese miedo y que lo remedies mediante una adaptación apropiada, permanecerás en un estado de tensión que externamente se manifestará como preocupación.

 

Segunda clave
Busca apoyo en alguien, revela tus preocupaciones y coméntalas

Toda preocupación y toda inquietud, al hablar de ella, llega a convertirse en algo más liviano, al manifestarla, aunque solo sea por el hecho de expresarla en voz alta.

Nos resulta más sencilla de solucionar de lo que pensábamos, a veces solo con nuestras palabras logramos encontrar un camino, otras veces es esa otra persona la que nos ayuda a ordenar un poco el caos de nuestra cabeza y nos permite ver soluciones allá donde no las veíamos antes.
Siempre suelo explicar en consulta que un problema en nuestra cabeza es como una madeja de lana en manos de un gato, es decir, un barrullo sin ningún orden ni sentido, (de ahí la expresión que se dá en el 98 % de las primeras sesiones: ¡no se ni por donde empenzar!)

Al comienzo del relato puede que las ideas no tengan sentido pero poco a poco vamos hilando, vamos reconociendo y ordenando, como si agarrásemos esa maraña de lana por un extremo y empezásemos a enrollarla en un ovillo.

Al acabar nuestro relato, al menos, conseguimos tener un orden en nuestra cabeza, al menos, sabremos por donde empezar, como la tejedora que tiene la lana a punto para tejer su jersey.

Tercera clave
Evalúa la causa de tus preocupaciones

Lo usual es que toda ansiedad sea totalmente desproporcionada con respecto a la causa que la originó.

También es frecuente que una persona crea que se está preocupando por algo, cuando en realidad el motivo de su inquietud es otro.

Una vez ordenada la madeja, es mucho mas fácil ver donde están los puntos débiles, los nudos y las roturas, es decir, podemos RELATIVIZAR los problemas, otorgarle el valor que realmente tienen y no sobredimensionarlo.

Es importante que seamos capaces de afrontar nuestros miedos con valor, que los saquemos de su escondite, los examinemos, los clarifiquemos y tomemos una decisión con respecto a ellos.

El hecho de negarnos a afrontar la realidad y mantener nuestros temores ocultos en la oscuridad, tan sólo envenenará más la situación y acrecentará nuestra preocupación.

Toda preocupación que se mantiene oculta, se refuerza. Al sacarla a la luz del día y examinarla, se disipa.

 

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imagen: morguefile

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